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ÁNGEL MIGUEL QUEREMEL
Poeta y narrador. Nació en el año 1900 en Coro, estado Falcón, Venezuela.

Desempeñó un papel relevante en la evolución de la poesía del país, al introducir las principales novedades estéticas procedentes de Europa.

Fue una de las voces más importantes y sobresalientes de la poesía venezolana. Su discurso metafórico y cargado de una imaginería desordenada constituyen un testimonio de los niveles que alcanzó en determinado momento la lírica nacional.

Alentado desde su temprana juventud por una acusada inclinación hacia el cultivo de la poesía, durante unos años fijó su residencia en la capital de España, donde entró en contacto con las figuras más destacadas de los movimientos vanguardistas que comenzaban a florecer alrededor de 1920, al tiempo que se dejaba influir por la mejor tradición lírica hispánica de todos los tiempos. Fruto de esta simbiosis entre tradición y vanguardia fue su poemario titulado Barro florido (1924), al que siguieron, publicados también en Madrid, otros volúmenes de versos como Trayectoria (1927) y Tabla (1928).

De regreso a Venezuela, Ángel Miguel Queremel, comenzó a ejercer una notable influencia entre los jóvenes poetas del país, a los que puso al corriente de las modernas tendencias poéticas vigentes en Europa. Hacia mediados de la década de los años treinta, el poeta de Coro unió sus inquietudes estéticas e intelectuales a las de otros compañeros de andadura literaria para dar lugar a la fundación del grupo Viernes, en cuyo principal órgano de expresión (la revista homónima) tuvieron cabida los representantes de las diversas tendencias de la lírica.

Falleció en 1939 en Caracas, Distrito Capital, Venezuela.           

A continuación, un hermoso poema de su autoría, donde pone de manifiesto su dominio del lenguaje poético

ROMANCE DE AMOR Y DE SANGRE

Como guitarra morena
Pulsé tu cuerpo desnudo;
Cintas eran tus cabelos
Cintas negras y sin luto.

Con dientes de luna clara
Mordí la copla madura:
Se nos mojaron las sombras
De leche fresca de luna.

Cruzó tu grito la noche
— Flecha de oro ensangrentada —:
Ay, ay, ay era la copla
Que a mí tanto me gustaba!

Cintas negras tus cabelos,
cintas negras y sin luto;
en mis manos los jazmines
de tu llanto y tu gusto.

¡Ay mi niña morenita
en los flecos de la sombra
tejidos de copla y llanto
de blanca luna y de aroma!

¡Cintas eran tus cabellos,
cintas negras y sin luto!

Esta es una colaboración de Ismari Marcano Dicurú        

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