AQUARELA DEL SOL PADILLA
Es una destacada poeta, productora, investigadora, guionista y gestora venezolana.
Nació en Caracas, Distrito Capital, Venezuela, en 1988. Su obra literaria aborda temas sociales, la memoria histórica familiar y la perspectiva femenina en territorios atravesados por la violencia y la desigualdad.
Realizó estudios de letras en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y en la Escuela Metropolitana de Producción Audiovisual. Se formó en talleres literarios con figuras como William Osuna y desde muy joven comenzó a destacar en el ámbito poético del país.
En su obra, la poesía sirve como un vehículo de expresión ante la injusticia, plasmando la realidad de ser mujer en un país marcado por el machismo y el conflicto.
Entre sus obras y publicaciones, se destacan: Acordes del mañana (2005) y Animal solar (2020). De esta última obra, tenemos los siguientes poemas:
IV
Sin secreto he escrito desde ti. He escrito para la sombra y he mirado la luz que suele acompañarte. La ruina y la masa, el porvenir y la guerra. El duelo de la mujer que fuí, el tiempo de mi niñez, el dormir de mi hija y su fiebre de 39. Sin secreto he dado otras formas a la imagen que guardo de la ternura con que despiertas, al hilo fino que adherí a tu desnudez.
VII
Hicimos todo lo que quisimos. Una boca siempre fue una boca. La lágrima un rito para otro tiempo, para la calma. Esto que llamamos paisaje. Quebramos lo posible, agotamos el cuerpo. Y esperamos que ese tiempo regrese, que tenga ganas de volver. Abrimos al verbo hacer sucursales entre las piernas, y entre los párpados el llanto.
VIII
Elegía para un olvido
Fui la carne y la sombra. Fui mi parto. Mi llanto. La calma que armé esta mañana frente a un espejo propio. Cultivé la gracia de los soles y le puse fecha a mi muerte. Cargué conmigo paisajes más profundos, andares más sonantes. Escupí sobre la tumba de los ejecutantes, sobre la tierra compartida. Huí y cambié de cuerpo, me partí a dos mitades con el tiempo. Soñé diseccionada la ruina de mi generación. Amé el ruido con que se pronuncian los nombres. Dejé partir a un hijo por pura convicción y aún lo recuerdo. Así me hice un signo para sobrevivir. Abajo dejé la fe sobre un suelo que no habla, que no cura, que no canta. Tengo memoria, guardo mis muertos en cada mano, en cada estocada de luz.
Colaboración de Ismari Marcano Dicurú

