ANTONIA PALACIOS
Nació en Caracas, Distrito Capital, Venezuela, el 13 de mayo de 1904. Descendiente directa de Bonifacio Palacios, tío de Simón Bolívar; e Isabel Caspers, sobrina de Ezequiel Zamora.
Contrajo nupcias con el escritor y publicista Carlos Eduardo Frías Pacheco, fundador años más tarde de ARS Publicidad (1938).
En 1934 Élite de Caracas publicó su primer texto, revista dirigida por su esposo.
En 1939 comenzó a escribir con regularidad en el diario Ahora.
Autora de los siguientes libros: Ana Isabel, una niña decente (1944), Viaje al frailejón (1955), Los pasos de la lluvia ( cuento, 1955), Crónica de las horas (1964), Los insulares (1972), Textos del desalojo (poemario, 1977), Hondo temblor de lo secreto (1980), Una plaza ocupando un espacio desconcertante (1981), La piedra y el espejo (1985), Ese oscuro animal de sueño (1988), Ficciones y aflicciones (1989) y Largo viento de memorias (1989).
Ejerció un cargo en la secretaría de la Agrupación Cultural Femenina en 1939 y al siguiente presidió el Primer Congreso Venezolano de Mujeres, fue la Coordinadora del Taller de Narrativa del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg) en 1977 y además fundó el taller literario, Hojas de Calicanto en 1978, dirigiendo la revista homónima hasta 1985.
Galardonada con los siguientes premios: Segundo lugar en el concurso de cuetos de el diario El Nacional en los años 50, Nacional de Literatura (1976) convirtiéndose en la primera mujer venezolana en recibirlo y el municipal de literatura (1982).
La escritora, poetisa, ensayista Antonia Palacios Caspers falleció en su quinta Calicanto, en la Urb. Altamira, Caracas, Distrito Capital, Venezuela, el 13 de marzo de 2001.
A continuación, tres de sus poemas:
De «La piedra y el espejo» (1985)
Tus pasos se han perdido en un silencio oscuro. Si pudiese despertar. Percibir de nuevo los rumores consumidos, rescatar el eco de tu voz cautiva. Tengo una sed de ruidos, de golpes, una sed de escuchar el oleaje de la vida, el zumbido de la tierra, el último gemido de las cosas. Tus pasos se han perdido en un silencio oscuro.
De «Largo viento de memorias» (1989)
Me quema la palabra, me hace llama. Me quema y no alumbra, me hace herida. Quemadura honda, no mana sangre. Me quema desde su oscuro pliegue. Se esconde la palabra, se hace hermética. Quiero arrancar la máscara ¡tantas máscaras! dejarla toda al desnudo. Saber de sus espumas cuando asoma en gran respiro. Se fuga la palabra. Persiguiéndola sin tregua se me escapa la vida.
De «Hondo temblor de lo secreto» (1993)
Estoy ensayando un gesto. Se rompe mi equilibrio en el inicio de un gesto. Mi cuerpo se queda en reposo. Me he detenido en un gesto. Voy buscándole otra forma, desprendiéndolo del tiempo, liberándolo del cuerpo. Ha comenzado a fluir como un río desbordado. Hay manos que se sumergen, manos que quieren tocarlo. Mi gesto se va estirando, deja de pertenecerme. Otro gesto se levanta, otro vuelo, otra distancia.
Esta es una colaboración de Ismari Marcano

