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ADHELY RIVERO

Poeta, editor, promotor cultural.
Nacido en Guadarrama, estado Barinas, Venezuela en 1954. Egresado de la Universidad de Carabobo con una Licenciatura en Lengua y Literatura.
Además, cuenta con una maestría en Literatura Venezolana de la misma Universidad

Pertenece a una generación clave de la literatura llanera y nacional, caracterizándose por una obra de tono intimista, natural y profundamente ligada a la tierra, los animales y el paisaje.

Ha dedicado gran parte de su vida a la gestión institucional y la difusión cultural:
• Jefe del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo.
• Director de la destacada revista Poesía, un espacio referencial para las letras hispanoamericanas.
• Coordinador y fundador del prestigioso Encuentro Internacional de Poesía de la Universidad de Carabobo.
• Director de Ediciones Poesía y de la colección de traducciones Ediciones El Cuervo.

En cuanto a su estilo literario, la crítica especializada, como el ensayista David Cortés Cabán, destaca que la poesía de Rivero mantiene un sutil equilibrio y expresa una honda gratitud hacia su entorno. Su lírica aborda la realidad rural, el campo y la faena humilde mediante versos breves, precisos y dotados de una gran sensibilidad espiritual. A través de un lenguaje despojado de artificios, logra conectar la inmensidad de la naturaleza con la cotidianidad íntima y el paso del tiempo.

A lo largo de su carrera ha publicado numerosos poemarios, individuales y antológicos, entre los que destacan: 15 poemas (1984), En sol de sed (1990), Los poemas de Arismendi (1996), Tierras de Gadín (1999), Los poemas del viejo (2002), Medio siglo, la vida entera (2005) y Poesie Care – Poemas Queridos (2024).

Su destacada labor lo hizo merecedor de distinciones como el Premio de Poesía «Cecilio Chío Zubillaga» de Carora, el Premio Universidad de Carabobo y el Botón FILUC en la Feria Internacional del Libro de la UC.

A continuación, una muestra de su creación poética.

MAR AFUERA

Tengo el mar Caribe muy cerca.
Lo veo durante el día.
Me pregunto: quién me puso aquí,
mar afuera,
cuando mi cabeza es una cresta de olas?
Sé tan poco de estas costas,
algunos nombres de playas
malolientes a puertos y refinerías.
Calor y sudor.
En el campo es otra vida,
allí se siente el mar volando:
el mar y el amor de las mujeres en la playa.
Se come buen queso de vacas que pastan
en potreros salitrosos
que en el pasado fueron playas.
En la mañana pensamos
la mujer amada.
El mar lo corroe y lo borra todo.

LA CASA

Cuando salí del pueblo pensaba regresar
a comprar la casa de la esquina suroeste de la plaza,
cerca de un puerto solitario y entiendo el arraigo
de los dueños.
A cada vuelta al pueblo visito la calle y bajo mi familia
a la costa a contemplar las aguas pardas bajar
eternamente.
Me enteré que vendieron la casa que me gusta,
cerca de la plaza y del río de mi infancia.
Continuaré a la espera de la oferta
en el tránsito del pueblo que crece y se desborda,
solicitándole a Dios la gracia
que no se me adelante un turco y la transforme en tienda.
Por las aguas del río pasan las horas
mientras espero el día.

Esta es una colaboración de Ismari Marcano Dicurú

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