Dr. Crisanto Gregorio León
Como diría Charlie Mata : («¡Ayyy, papá!») pruff ‘pa dentro’
Dice el fiscal Lokito:
“Yo soy Loki, el Lokito de Asgard, ahora en Torenza, y tengo sobre mí un perverso propósito. El primer y más grande engaño de la historia no fue convencer al mundo de que el diablo no existía, sino hacerles creer que la justicia penal era ciega, cuando en realidad solo responde al mejor postor o al truco más pérfido e infame”.
En el mapa de la geopolítica internacional existe un país imaginario llamado Torenza, una nación ficticia que desafortunadamente se ha convertido en el escenario perverso para los experimentos más oscuros del derecho procesal. En este territorio de fantasía, las instituciones no se rigen por constituciones democráticas ni por códigos morales, sino por los caprichos de un sistema judicial profundamente insano y corrompido donde jueces y fiscales viven del cohecho, la extorsión y el soborno, acumulando riquezas cuyos signos exteriores los delatan en una trama que parece extraída de una historieta de villanos. Es bajo este cielo inventado donde emerge con fuerza la figura del fiscal Lokito, inspirado en el emblemático personaje de Loki de la serie Marvel. Este funcionario destaca por su naturaleza dublé, malvada, tramposa y envidiosa, lo que lo lleva a usar su cargo con un único e incisivo fin: acusar, señalar y perseguir sin tregua a través de la infamia, la mentira y el engaño sistemático para obtener dinero sucio producto del delito. Quien quiera la libertad, si es inocente debe pagar, y si es culpable también debe pagar muchos dólares o muchos euros, por lo que para los habitantes de esta república ficticia, su gestión representa la peor pesadilla jurídica, un laberinto sin salida donde los inocentes son condenados por diversión y donde queda en evidencia que Loki es un Lokito de cuidado dentro de la fiscalía, un verdadero peligro público para la verdad.
Dice Loki el Lokito:
“¿De verdad creíste que podrías ganarme en mi propio juego? La ley no es un templo inquebrantable de rectitud, es simplemente un trozo de arcilla fresca y maleable que yo pervierto con mi indecente intelecto para metamorfosear la verdad a mi conveniencia y asfixiar a mis enemigos —los ingenuos y estúpidos inocentes que no paguen altas sumas de dinero— con sus propios argumentos”.
Para entender la naturaleza retorcida de este personaje ficticio dentro del país imaginario llamado Torenza, es necesario rastrear su origen familiar. Popularmente conocido en los pasillos judiciales como el Lokito, es fundamental precisar que es hijo adoptivo del rey Odín y, por ende, hermano del dios Thor. Esta condición de hijo adoptivo, cuya sangre de origen se desconoce por completo en la corte, lo convirtió desde siempre en la auténtica oveja negra de la familia, un paria resentido que arrastra una envidia patológica insaciable y un grave problema de autoaceptación. Al no poder heredar un trono legítimo por sus constantes engaños en Asgard, decidió que su verdadero reino sería la Fiscalía de Torenza, un espacio donde sus habilidades para la falacia del desvío y la falsificación de documentos oficiales le permiten reinar a base de puros montajes judiciales. Cada acusación que firma el arcoírico Loki el lokitito está impregnada de esa maldad ancestral, utilizando la fiscalía no como una herramienta de orden social, sino como un GEDO de lucro personal donde disfruta ver sufrir a los mortales corrientes de esta parodia de república.
Dice el fiscal Lokito:
“Mírense a sí mismos, desesperados por encontrar un ápice de compasión en este estrado. Pero si no nos pagan al GEDO, a María Narcisa Bob o a la fiscal Adams, no habrá piedad. La libertad es la gran mentira de la vida, si no nos pagan la coima, la extorsión y el soborno en miles de dólares o de euros, se darán cuenta de que el sometimiento ante un dios o ante mi firma es el único estado natural y seguro para sus patéticas existencias”.
En este país imaginario llamado Torenza, la desfachatez de la judicatura ha alcanzado niveles dantescos, pues este clan delictivo padece un delirio de superioridad donde el dinero ilícito es asumido como un tributo obligatorio. Lejos de ocultar sus fechorías, la Fiscal Adams, la Jueza María Narcisa Bob y el propio fiscal acusador experimentan una genuina indignación moral y se sienten íntimamente ofendidos cuando un procesado se niega a pagarles la coima o la extorsión requerida. Para estas pranes de la justicia de fantasía, la honestidad de un ciudadano o la insistencia en declarar una inocencia sin dinero de por medio es interpretada como un insulto personal, una falta de respeto a sus investiduras y una osadía inadmisible. Exigen con altanería que se les rinda pleitesía a través de su propia corrupción, transformando los procesos penales en una burla teatral donde la falta de pago se castiga con saña, operando bajo una total impunidad corporativa que controla de manera tiránica la cúpula judicial local.
Dice el fiscal Lokito:
“El dinero es un concepto tan mundano, pero debo admitir que en este reino de mortales abre las puertas de las celdas con una facilidad casi mágica. No me interesa si guardas la verdad inmaculada en tu corazón, solo me importa saber cuánto estás dispuesto a pagar por tu salvación inmediata”.
El modus operandi del astuto y malvado Loki el lokitito se caracteriza por una crueldad psicológica extrema, diseñada para quebrar el espíritu de cualquiera que ose desafiar la estructura en el país imaginario llamado Torenza. Es un vil personaje que no respeta ningún código ético ni tiene techo de deshonestidad, pues a todo busca sacarle provecho ilícito mediante la coacción institucional. Cumpliendo las directrices de la Fiscal Adams, este funcionario de fantasía se dedica exclusivamente a acusar de forma implacable a ciudadanos inocentes, inventando falsas delaciones y promesas de beneficios procesales inexistentes para extorsionar a los procesados de turno. La envidia que profesa la oveja negra de Asgard hacia la gente honesta lo impulsa a ensañarse con especial sadismo contra los más vulnerables – los que no le pagan dólares o euros- destruyendo familias y hogares además de reputaciones intachables mediante infames, antiéticas, cínicas y perversas intervenciones. Es de vital importancia aclarar que, no obstante su desquiciada personalidad criminal, nadie lo ha llamado Lokita ni debe confundirse su apodo institucional, pues su identidad como el temido Lokito penal está firmemente consolidada.
Dice el fiscal Lokito:
“¿Creen que la historia los recordará como héroes o mártires de una causa justa? Al final del día, yo junto a mi socias corruptas somos quienes escribimos el guion de este juicio y decidiré si terminan como criminales olvidados o como peones útiles para mis futuras ambiciones de poder absoluto”.
La alarmante situación judicial del país imaginario llamado Torenza sirve como una severa advertencia sobre los peligros globales de permitir que la corrupción y la mitomanía se apoderen de los ministerios públicos. El fiscal Lokito, representa la degradación absoluta del derecho transformado en un circo de ambiciones personales donde el ciudadano común carece de derechos reales frente a la codicia desmedida de la Jueza María Narcisa Bob y la Fiscal Adams. Mientras las leyes de esta nación de mentira sigan estando al servicio de un Lokito que combina la maldad de los cómics con la avaricia burocrática terrenal, el concepto de equidad seguirá siendo una utopía inalcanzable. El caso ficticio de Torenza demuestra que cuando un fiscal prefiere ser un mitómano compulsivo en lugar de un servidor de la ley, los tribunales dejan de ser templos de la verdad para convertirse en burdos mercados donde se subasta la libertad individual al mejor postor del circuito.
Dice el fiscal Lokito:
“Un juicio no es más que una obra de teatro mal ensayada, y yo soy el fraguador, el protagonista y el único espectador que importa. Pueden llorar ante la corte todo lo que quieran, pero recuerden siempre que en mi fiscalía la única ley que se cumple es la de mi propio y lucrativo negocio, si pagan van en libertad si no pagan siendo inocentes o culpables , igual van a ser acusados y condenados”.
Dr. Crisanto Gregorio León
Profesor universitario y broadcaster
