Aquiles José Amares Pugarita
Apreciados compatriotas de la Patria venezolana, que padece las desagradables horas en su integridad física, moral y espiritual. Más allá de los rigores de los ataques imperiales y sus aliados a nuestro país, en su organización social y soberanía, también sumado a ello, los padecimientos de una pandemia, los movimientos telúricos sufridos por nuestro pueblo y todas las estrenadas formas de dominación imperial que hemos padecido. A todas estas, traigo a la memoria, el infame, cobarde doble e infernal ataque que sufrió Japón, en momentos que languidecía la segunda guerra mundial. Hechos que logró poner de rodilla a la nación nipona, hasta convertirla en su aliada, en la hegemonía sobre las naciones del sur global. Esos hechos consumados como terror del Estado imperial de los Estados Unidos, se ha consolidado como política y doctrina militar que se ha extendido a todo el planeta a la vista y padecimiento por todos los pueblos del mundo, como mecanismo de disuasión, entiéndase, como amenaza de proceder en cualquier momento a desenfundar la horrible arma apocalíptica ya demostrada sin piedad. Los costos en vidas humanas y recursos soberanos de los pueblos todos del mundo, son inconmensurables con pretensiones de prolongarse inmoralmente en el tiempo, por un arrebatado imperio en su fase de acelerado derrumbe, con moral al desnudo, como ya lo hemos señalado, sin embargo, de alta peligrosidad para la humanidad entera. (https://www.aporrea.org/actualidad/a350838.html, https://tanetanae.com/pornosdernidad)
A Venezuela a partir del 3 de enero de este año en curso, se ha consumado una amenaza y nos ha correspondido una dosis letal imperial concreta, de la mayor maquinaria terrorífica y cobarde, infringida contra pueblo alguno. Se ha estrenado la más novedosa forma de masacrar y humillar a un pueblo. Ha caído gente y se ha derramado sangre de nuestros hermanos compatriotas miembros de nuestro humilde pueblo, camaradas militares de nuestra Fuerza Armada Bolivariana, incluidos los valientes compatriotas cubanos que ofrendaron su vida. ¡Honor y Gloria a los caídos! No ha sido fácil asimilar este episodio. La historia no ha terminado para nuestro bravo y valiente pueblo bolivariano. La pausa nos encuentra, entre la estupefacción y la rabia contenida, que no debe prolongarse más allá de una paz en movimiento, que nos permita respirar y preparar la más soberana respuesta del pueblo de las dificultades. Todas las pruebas las hemos superado a costa de inconmensurables sacrificios. De esta también nos vamos a liberar apelando al firme sustrato histórico e identidad que nos legaron nuestras generaciones, madres y padres libertadoras y libertadores, que nos mantienen incólumes, pero también atentos a los acontecimientos. La República de Venezuela, no tiene en su historia, tradición de pueblo rendido, sometido permanentemente. Todo lo contrario, es pueblo rebelde, libertador de otros pueblos, superando las fronteras de dominación implementados por imperios y oligarquías que nos dividieron como pueblos hermanos que somos, con plenas identidades culturales en su diversidad. Ya superaremos este trance bochornoso. Este pueblo bolivariano, tiene tradición de superar enemigos en buena lid, en unidad de los patriotas. Venezuela vence y vencerá eternamente en honor al fuego perpetuo y glorioso de nuestros Libertadores y Libertadoras, de los pueblos originarios, afrovenezolanos y criollos, en contra de las traidoras oligarquías y enemigos más allá de nuestras fronteras patrias. A nuestros ancestros, abuelas, abuelos, padres y madres, no los podemos defraudar.
A doscientos cuarenta y tres años del nacimiento del Padre Libertador, Simón Bolívar nos convoca a la lucha, batalla y victoria de los patriotas, en todos los territorios y escenarios posibles e imposibles.
¡Con Bolívar y la patria en unidad, venceremos!
¡Viva la Batalla Naval del Lago de Maracaibo!
¡Viva la Armada Venezolana!
¡Viva Bolívar!
Tucupita, estado Bolivariano Delta Amacuro
Fachada Atlántica de Venezuela
Viernes 24 de julio de 2026
