Lenguaje inclusivo y sociedad masculinizadaVisitas: 7

Dr. Abraham Gómez R.
Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua.

El género gramatical no tiene nada que ver con sexismo, genitalidades o ubicaciones conforme a la «diversidad de gustos».
El género gramatical atiende a estructuras complejas morfo-sintácticas concordantes, cuya intención persigue darle exquisitez, economía y transparencia al texto-discurso, al orden y significados que deben seguir las palabras; por lo que debemos evitar caer en la trampa de apelar a las dobles, innecesarias y redundantes consideraciones al momento de mencionar lo masculino y lo femenino.
No hacemos inclusión de lo femenino en la sociedad, ni reivindicamos a la mujer con solo decir: muchachos y muchachas, ellas y ellos, todas y todos o poniendo arrobas (@) en los escritos para abarcar ambos géneros de una sola vez.
Según lo sugiere ( no lo impone) la Real Academia, en el castellano-español basta que usted señale únicamente un sustantivo con el cual abarca tanto lo masculino como lo femenino, si tal vocablo varía sólo en las letras (a) (o).
Por ejemplo: Si dice diputados y niños (allí están contenidas también las diputadas y las niñas); pero si dice hombres debe mencionar mujeres; si menciona caballeros, también debe mencionar damas.
Porque, se ha convenido que el masculino es el género no marcado; y se refiere en lingüística a la función de designar tanto a hombres como a mujeres; por ejemplo, en grupos mixtos incluye a los hombres y a las mujeres.
Este uso es distinto del género marcado, que es el femenino, y sirve para designar exclusivamente a las mujeres.
Muchas veces por pretender enarbolar inclusiones o falsos feminismos decimos : participantes y participantas, concejales y concejalas, alférez y alfereza, oficinistas y oficinistos, camaradas y camarados, asistentes y asistentas, estudiantes y estudiantas, periodistas y periodistos y por esa ruta distorsionada y ridícula se termina por ofender o poner en entredicho el verdadero valor de las mujeres en nuestra sociedad.
Las mujeres requieren de nosotros, hoy tanto como ayer, una nueva mirada sociohistórica.
Se ha vuelto indetenible la presencia de la mujer en las más disímiles disciplinas y áreas de conocimientos.
Las mujeres han venido asumiendo elogiosas responsabilidades, tal vez lentamente pero con fundamentación y sostenibilidad.
En bastantes partes del mundo se ha adelantado una especie de “excavación en la historia”, un asunto casi de “arqueología social” con el fin de encontrar mujeres, de extraer sus palabras y sus obras. Para que ellas digan, en la contemporaneidad, lo que intentaron decir y no pudieron. Para que sus voces sean escuchadas.
Para hacer presentables sus obras, para rescatarlas de las olvidadas fosas del tiempo.
Es un trabajo apasionante, que nos hemos propuesto.
Lo hemos ejercido desde todos los ámbitos posibles. Es una auténtica y palpitante genealogía solidaria, impregnada de razón y emoción.
Ciertamente, todavía hay odiosos resabios de androcentrismo en las sociedades: enarboladas en una cultura que cree aún que en torno a lo masculino deben determinarse todas las cosas.
Digamos también que al momento de escribir sobre el hermoso e interesante trabajo de las mujeres, muchos intelectuales emplean suficientes estrategias que persiguen minimizar el contenido si los ejes temáticos se refieran al género femenino.
Es verdad que cuando una sociedad se encuentra masculinizada, entonces, busca darle opacidad a las realidades de las mujeres.
De tal manera que no finjamos que con tramposas construcciones gramaticales se logrará reivindicar a las mujeres; porque, la afectación social es atribuible a algunas sociedades, enteramente masculinizadas que las excluyen en la vida diaria y en los desenvolvimientos prácticos. Es la sociedad masculinizada la que atropella a las mujeres, no la gramática.
Los abusos en los desdoblamientos referidos al género gramatical son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico; y no resuelven ni reivindican a las mujeres ante su elogiada significación histórica.
Delta del Orinoco, septiembre de 2025.

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